Posteado por: vicentemartinezayalaumhproduccion19 | Mayo 15, 2009

Kapucinski, una vida de realidad (Parte II)

El segundo día del I Seminario Internacional de Periodismo ‘Ryszard Kapuscinski’, tuvo el honor de contar con la presencia de Malgorzata Kolankowska, periodista, filóloga e hispanista, y de Agata Orzeszek, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, encargada de traducir al español toda la obra de Ryszard Kapuscinski. El viernes 8 de mayo fue el día elegido para analizar el perfil de Kapucinski, desde un punto de vista periodístico y literario.

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Malgorzata Kolankowska y Agata Orzeszek visitan por primera vez la UMH para hablar de Kapuscinski.

La primera en repasar el aspecto más periodístico del autor fue la profesora invitada de la WSF, de Wroclaw (Polonia), Malgorzata Kolankowska. Introduciendo datos biográficos de Kapucinski a los estudiantes de Periodismo, la profesora fue desgranando la que fue su vida, así como las influencias que fue teniendo: la universidad, el Partido Comunista, la guerra, sus poemas, sus viajes…

La profesora desveló los secretos que hacen que la obra de Kapucinski sea lo que es. Y es que “para conocer al otro, tienes que ir dónde está el otro, tienes que vivir con ellos. Para conocer el mundo hay que dejar de ser conquistador, hay que desembarcar para estar al mismo nivel que la persona con la que te encuentras.” Con estas palabras nos demuestra el acercamiento que el autor tenía con las personas a las que entrevistaba. Él quería ser cronista, pero sentía que la gente no leía sus libros, sentía desesperación,  porque él pretendía contar a la gente lo que pasaba, acercar la realidad tal cual era.

Los viajes en la vida de Kapucinski fueron muy importantes, y eso se ve reflejado en sus libros. Por ejemplo, el viaje que realizó a Rusia fue muy importante para El Imperio, un libro que ha sido traducudo a 23 idiomas, incluido el ruso recientemente.

Malgorzata Kolankowska también hizo un repaso a los reconocimientos que tuvo, y es que Kapucinski fue nombrado periodista del siglo, y reconocido con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003, año en el que ya empezaba a ser conocido en nuestro país.

El seminario continuó con la intervención de Agata Orzeszek, que nos habló de la parte más literaria. Ella ha sido la traductora de todas las obras deKapucinski, excepto de ‘Los cínicos no sirven para este oficio‘, que fue traducida en Italia.

Esta parte del seminario fue la dedicada a las anécdotas y vivencias de Kapucinski. Una de ellas, por ejemplo, fue la contradicción de su obra ‘La Jungla Polaca‘, que fue el primer libro que escribió y el útimo que publicó.

Agata leyó en exclusiva unos párrafos de ‘Cristo con un fusil al hombre‘, publicación que saldrá a la venta en invierno de este año. En él nos cuenta la existencia de diferentes guerras a través de las botas de los soldados. Y es que una de las cosa que tiene Kapucinski es la curiosidad y la fijación por los pequeños detalles, como los zapatos, con los cuales ha llegado a recorrer historias por todo el mundo.

En su forma de trabajar vemos como la precisión y la exactitud para representar de una manera fiel la realidad lo llevan, en ‘El Emperador‘, a buscar textos del siglo XV, XVI y XVII, para así reflejar la verdadera forma de hablar de un sirviente del emperador, puesto que la traducción entre él y el sirviente de cámara era en inglés.

La multiculturalización, la multiplicidad de voces, es uno de los rasgos presente en sus obras. Pero lo que más destaca es la búsqueda del dialogo para después reflejarlo con diferentes registros.

Según la profesora de la Autónoma de Barcelona, la forma de escribir y de contar los hechos no sale de la nada, hay una tradición rusa que combinaba la literatura con la filosofía, lo que en la segunda mitad del siglo XIX era reporterismo más literatura, y ahora se llama periodismo narrativo.

En el siglo XX, los reportajes de 1945 de Natkowski sobre el nacismo y el holocausto son una buena continuación del estilo Kapucinski, que fue el que abrió el reportaje, el que lo creó. “Él creó un reportaje capaz, en el sentido de ofrecer capacidad para muchas cosas”, comentó Agata Orzeszek.

El que quiera acercarse a la literatura de este polaco, tiene que saber que en sus obras podrá encontrar ensayos, entrevistas, mezcla de planos temporales, reflexión ajena y propia,  y citas. Una combinación de estilos en el que muchas veces incluye la ironía, nunca la burla, para contar “obras abiertas, obras características del reporterismo, que describe un estadio de la historia que no se para”. Y es que Kapucinski no tiene un libro que se parezca a otro. Él siempre cuidaba, no sólo el qué, sino también el cómo.

Para finalizar, Agata definió lo que para ella sería un buen reportero, una persona estudiosa, arqueóloga, historiadora…

“Le dijeron que tenía una vida de película, y el contestó que tenía una vida de realidad.”

En el tiempo dedicado a las preguntas surgieron algunas cuestiones sobre las influencias en Europa de Kapucinski, a lo que Agata respondió con nombres como Chéjov, Levi Strauss… “Él creía que su literatura no cabía en los cánones establecidos en la literatura. Tenía claro que era diferente lo que decía de lo que escribía.”

La pregunta más polémica vino cuando se interesaron por la campaña de desprestigio que sufrió en Polonia, donde lo acusaron de estar en el Partido Comunista para sobrevivir. Malgorzata Kolankowska respondió que es una vergüenza que se rebusque en el pasado, y más viniendo de periodistas.

Por otra parte Agata explicó que “después de la guerra, Kapucinski ingresó en el Partido Comunista, no para sobrevivir, sino para levantar el país, alfabetizar a los campesinos (antes de la guerra había un 80%). Era una cosa (el Partido Comunista) o la otra (la Alemania Nazi). Cuando Kapucinski ingresó en el partido era para crear, no para sobrevivir“. Según ella, “no hay que caer en la trampa de los gemelos” (refiriéndose a los ultraconservadores, Lech y Jaroslaw Kaczynski).

Además, según comentó, la primera que tuvo que soportar el desprestigio fue Elfriede Jelinek, Premio Nobel de Literaratura de 2004. De hecho, Patxi López leyó unas frases de uno de sus libros en el discurso de investidura.


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